La historia de Agustin

Esta es la historia de Agustin

Agus fue un bebé al que buscamos con mucho amor ya que por un problema particular nos habían diagnosticado que tardaríamos mucho en poder ser papás.

Agustin era un bebé muy tranquilo durante el día, pero no dormía absolutamente nada durante las noches, era muy selectivo con las comidas y solía tener su abdomen distendido, siempre vivía con muy bajo peso, casi al borde de la desnutrición pero sus análisis y estudios en general salían absolutamente bien. Vivíamos corriendo a las guardias de los hospitales ya que sufría de broncoespasmos permanentes, vómitos, y malestares en general. Sumado a esto, Agus carecía absolutamente de lenguaje verbal, lo que fue el primer disparador que nos anunciaba que “algo andaba mal”, y de a poco empezamos a notar otras conductas estereotipadas que también nos preocupaban como ser la falta de interés en comunicarse, no responder a su nombre, caminar en puntas de pie, aleteo constante de sus manos y no mirar a los ojos entre otras, por lo que a los dos años y medio llegó el tan temido diagnostico de TGD NO ESPECIFICADO. Un tema absolutamente desconocido para nosotros y toda la angustia que puede generar tener que tramitar un certificado de discapacidad para tu propio hijo. Fue un momento tremendamente difícil.

Ya cursando salita de 3 años, una seño del Jardín nos hizo un comentario acerca de una dieta especial y fue a través de ella que llegamos a Bioabordajes, quienes inmediatamente nos contuvieron, asesoraron y nos contactaron con la Dra. Ronald quien luego de una larga entrevista de evaluación y análisis de laboratorio de EE.UU nos empezó a guiar en el camino de una dieta libre de harinas, levaduras, gluten y caseína y productos industrializados en general. Debo reconocer que en un principio nos parecía algo absolutamente imposible de realizar ya que era todo totalmente nuevo para nosotros y ni siquiera sabíamos como reemplazar los alimentos, sumado a esto y con su alto riesgo de desnutrición teníamos mucho miedo ya que Agus lo único que comía eran justamente harinas, más precisamente fideos, que con frecuencia los vomitaba (luego entendimos porque…). Con todas las incertidumbres del caso decidimos consultar a un vecino medico que conocía la situación de Agus a ver qué opinaba de probar con una dieta especial y creo que sus palabras fueron las que terminaron de convencerme, nos dijo “el intestino es el segundo cerebro”.

Inmediatamente decidimos comenzar sobre todo por un tema de salud ya que necesitábamos encontrar una solución a las visitas a las guardias permanentes, su desnutrición y el no dormir pero honestamente teníamos muy poca expectativa en lo que se refiere a que esto podría afectar de manera favorable su evolución cognitiva, pero la sorpresa vino cuando apenas  a las pocas semanas de haber iniciado el cambio de hábitos en su dieta diaria comenzamos a ver notoria mejoría en su abdomen que ya no se encontraba distendido en absoluto, su tos permanente había desparecido, comenzaba a dormir toda la noche y lo más sorpresivo de todo: Aparecieron sus primeras palabras!!!

Debo reconocer que el camino es muy difícil de recorrer, sobretodo al principio, pero cada avance nos daba fuerzas y nos aminoraba la carga para seguir. Hoy Agus tiene 10 años y prácticamente ya no tiene estereotipias características de TGD, y aunque quedan alguna cosas por trabajar como su dicción y pronunciación en alguna palabras, va a un colegio común con su acompañante que ya a partir de este año redujo la cantidad de días en los que asiste a Agus y con expectativas que si su avance continúa a este ritmo tenemos la esperanza que se pueda distanciar más días de la semana.

Gran parte de su historia y evolución está también sustentada por su equipo terapéutico (Fono, Psicopedagoga y Terapia ocupacional) que fueron y son un pilar fundamental en todos sus avances, pero sin dudas que en lo que respecta a su estado de salud en general la dieta fue excluyente.

Si bien aún quedan cosas por trabajar, Agus nos demuestra en todo momento que es un luchador y sin dudas es él, con su amor incondicional quien nos enseña a sacar fuerzas y superar esos días que uno piensa que no va a poder pero que vale la pena intentarlo con tal de ver sus ojitos brillar.


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